Europa se ha quedado al margen de las grandes disrupciones tecnológicas de las últimas décadas, pero aún está a tiempo de revertir la situación. Para ganar la carrera tecnológica global, debemos apostar por la innovación, premiar el riesgo y reducir la burocracia que frena el talento. Necesitamos cerrar las brechas de financiación y construir un verdadero mercado único que permita escalar las ideas europeas sin barreras. El futuro puede nacer aquí, si creamos las condiciones para que así sea.
La tecnología es un medio, no una garantía de progreso por sí sola. La intervención rechaza confundir novedad con mejora y sitúa el debate sobre el euro digital en su objetivo esencial: que los ciudadanos puedan pagar de forma sencilla, segura y libre en toda Europa.


