Esta fue una de las ideas que defendí durante mi participación en el pasado Eurofi, celebrado en Dublín. El problema de nuestros mercados de capitales no es únicamente la fragmentación: es que esa fragmentación nos impide alcanzar la profundidad, liquidez y dimensión necesarias para competir globalmente. La Unión de Ahorros e Inversiones debe medirse por su capacidad para derribar esas barreras y movilizar el enorme volumen de ahorro europeo hacia inversión productiva.
La tecnología puede ser una herramienta decisiva para conseguirlo. La tokenización y las infraestructuras DLT pueden reducir costes y riesgos, acelerar operaciones y, sobre todo, facilitar mercados verdaderamente paneuropeos. Pero hay una condición fundamental: no podemos limitarnos a digitalizar la fragmentación que ya tenemos. Europa no necesita 27 ecosistemas tokenizados separados, sino infraestructuras concebidas desde el principio para funcionar a escala europea.
También debemos avanzar desde la experimentación hacia un marco capaz de operar a gran escala, manteniendo la neutralidad tecnológica, la estabilidad financiera y la protección del inversor. Para Europa, la tokenización puede aportar un doble dividendo: más eficiencia en cada operación y más escala para todo el mercado.
Gracias a Eurofi por propiciar este debate y a Barbara Antonides, Jimmy Kvarnström, Odile Renaud-Basso, Carlos San Basilio, Vincent Remay, Guylaine Vandooren y David Wright por compartir una conversación imprescindible para el futuro de nuestros mercados de capitales.
La tecnología no debe ser un fin en sí misma. Debe servir para construir el mercado europeo integrado y competitivo que todavía nos falta.


